miércoles, 15 de diciembre de 2021

Pirineos

Cuando creía que no podría ir al camino de Santiago por el tema de la operación del lagrimal, estuve mirando de coger vacaciones en septiembre y miraba dos destinos. Uno era el Algarve portugués y otro las Islas Eolias. Entre el covid, que aún no estaba vacunada y la incertidumbre de la operación, me decidí por no reservar todavía porque esto lo estaba mirando a principios de julio y aún quedaban dos meses. Finalmente, como sí que pude ir al camino se me quitó un poco la idea de la cabeza.  

Cuando Vanesa entró a trabajar el 1 de agosto después de todo el mes de julio de vacaciones me comentó que quería hacer una escapada en septiembre. Entonces se me reactivó la idea del viaje y le dije que si quería compañía que me iba con ella. Me dijo que había pensado en ir a Aínsa, ya que sus padres habían estado y le habían dicho que era muy bonito. A mi me pareció buen destino, porque mi amigo Hector había estado un tiempo allí trabajando y había hecho mucho turismo y las fotos que vi eran muy impresionantes. Así que decidimos que en septiembre nos íbamos a Aínsa.

Los días que elegimos para ir fueron del 24 al 26 de septiembre.  


Jueves, 23 de septiembre de 2021:


Vanesa trabajaba por la mañana y venía aquí a Vilafranca cuando salía. Llegó casi a las 17h, así que cargamos todo en mi coche y nos fuimos para Aínsa. Hicimos el viaje de tirón. En unas 4 horas llegamos al Hotel Sánchez. Vanesa ya hacía un par de semanas que lo había reservado. En principio habíamos cogido habitación con terraza, pero luego la íbamos a cambiar por una sin terraza por la gran diferencia de precio, porque decidimos que total para dormir nos daba igual terraza que no, pero se le olvidó cambiarla. El hotel tiene parking, pero a las horas que llegábamos todos los días, siempre estaba lleno. Así que aparcamos en un parking público que había enfrente, había muchos coches pero algún hueco siempre nos quedaba. La recepcionista del hotel, nos preguntó más o menos si llevábamos una idea de a donde ir. Le dijimos los sitios donde queríamos ir, nos los señaló en un mapa y nos dió opciones de qué podíamos hacer cada día. La verdad que nos lo explicó todo muy bien. Pero teníamos un dilema, porque nos dijo que no llegaríamos a todos los sitios que queríamos ir en tan pocos días. 

Total, subimos a la habitación y nos dijo que solo le quedaban camas de matrimonio, pero eran 2 camas juntas, en fin, para nosotras mejor, no sé a qué le llaman cama de matrimonio, la verdad. Cuando vimos la terraza…

Nos enamoramos de ella, menos mal que a Vanesa se le olvidó cambiarlo, porque no hubiéramos podido vivir sin ella. Ja, ja, ja. 

Bajamos a cenar al bar del hotel y luego nos fuimos a una zona común que tenía el hotel a estudiar cómo repartíamos los días con los mapas y consejos que nos había dado la recepcionista. 

El sábado y el domingo lo teníamos claro, pero el viernes, que era el día siguiente, no sabíamos cómo hacerlo. Teníamos que elegir entre el valle de Pineta e Ibón de Plan. Venga a mirar fotos de los dos sitios y a Vanesa le gustaba más Pineta y a mí más Plan. Total que para salir de dudas le pregunté a mi amigo Héctor y nos lo resolvió en un minuto. Pineta. Así que una vez lo tuvimos claro, nos fuimos a dormir.  


Viernes, 24 de septiembre de 2021:


Nos levantamos a las 7 de la mañana, preparamos todo, desayunamos en el bar del hotel, cogimos un par de bocatas y un par de botellas grandes de agua y nos fuimos a la garganta de Escuaín. Nos desplazamos unos 40 minutos en coche hasta el parking de los miradores de Revilla. La ruta era de 45 min de ida y el mismo recorrido de vuelta. Había 3 miradores y en cada uno se veía una parte de la garganta. 

 Fuimos las primeras en llegar, lo teníamos todo para nosotras solitas. Si que nos encontramos un señor francés que nos adelantó porque tuve que volver a por las gafas de sol que me había dejado en el primer mirador y en el segundo estaba él, pero todo lo demás para nosotras solitas. Volviendo ya nos encontramos a más gente que venía. 

Cuando llegamos al coche, eran poco más de las 11h y pensamos que si lo hacíamos todo tan rápido, llegaríamos a todo, así que nos fuimos súper motivadas y contentas para el valle de Pineta que estaba a poco más de una hora. Por el camino vimos un pueblo muy bonito que tenía un río y paramos porque nos llamó la atención, tiene un parking antes de entrar al pueblo. Casualidad que cuando vimos que pueblo era, era Bielsa y lo teníamos apuntado para ir a verlo, así que lo hicimos venir de lujo. Dimos una vueltita por el pueblo y de paso paramos a hacer un café porque considerábamos que íbamos muy bien de tiempo para llegar a todo, así que con calma y sin agobios.

 

Continuamos hacía el valle de pineta. Las vistas por el camino ya eran brutales:


El parking de Pineta costaba 4€. Aparcamos y vemos esto:

El paisaje era espectacular. La recepcionista del hotel ya nos explicó que era un valle en forma de V y que de abajo se veían todas las cascadas, que ella iba todos los años porque le encantaba. La verdad es que en las fotos que vimos por internet, no es ni la mitad de bonito que visto allí en persona y nos pasó lo mismo con las fotos que hicimos nosotras, que cuando las miras no recogen el encanto que realmente tiene el valle. 

Un hombre que estaba en el punto de información, nos dijo cómo hacer la ruta. Eran 1.30h de subida hasta la cascada de La Larri cuesta arriba, por escaleras naturales. Luego recto hasta la cascada del Cinca 1 hora y luego otra hora y media de bajada hasta el parking.

Emprendimos la ruta: 

En seguida encontramos la parte de abajo de la cascada de La Larri:

La subida era todo el rato por el lado de la cascada, era chulísimo, no me arrepentí para nada de haber hecho caso a Héctor, porque aquí vimos que tenía toda la razón, valía la pena elegir el valle de Pineta. 

Cuando llegamos arriba del todo, comimos allí los bocadillos que llevábamos. 

Después de comer nos fuimos a las cascadas del Cinca, pero nos liamos de camino. Se supone que habíamos de subir más para encontrar el sendero que cruzaba el monte, pero nosotras nos fuimos y subimos por donde había que bajar. Llegamos igual, solo que nos cansamos más. Estas cascadas fueron espectaculares, para estar allí toda la tarde de relax mirando y escuchando el sonido del agua, realmente bonito. 

Después de la hora y media de bajada, que serían las 17h, cogimos el coche y nos fuimos a Ibon de Plan, definitivamente nos daba tiempo a todo. 

Nos dirigimos hacía Saravillo a unos 40 minutos en coche y de allí se coge una pista hasta el refugio de Lavasar. Cuesta 3€ utilizar la pista y se tarda en llegar poco menos de una hora. Del refugio a Ibon de Plan o Basa de la Mora hay más o menos una hora más caminando, pero vale totalmente la pena, mirad que maravilla: 

Se nos hicieron las 7 viendo este lago y decidimos marchar ya para que no se nos hiciera de noche por el camino. Antes de irnos para el hotel, nos hacía “comboi” ir a Francia. El pueblo al que fuimos, a unos 40 min de Saravillo, se llamaba Aragnouet. Que miedo pasamos en Francia, ya era de noche, paramos al primer pueblo que vimos. Primero había una pedanía o algo extraño que parecía que hacían allí un aquelarre o algo. Las farolas del pueblo parecían velas ordenadas todas iguales, muy raro, nos cagamos. Cuando llegamos a Aragnouet, nos volvimos a cagar, solo vimos a la típica abuela del pañuelo en la cabeza y un gato gordo feo que nos miraba mal. El pueblo era fantasma, Vanesa no quería ni salir del coche. No vimos a nadie más, nos hicimos un par de fotos con el cartel del pueblo y marchamos a cenar a España. 

Para cenar paramos en Parzán, porque ya eran las 21.30h o por ahí. Cenamos en el Hostal la Fuen. Cenamos súper bien, la verdad es que en este viaje de la comida no nos podemos quejar. 


Nos dieron hasta un caldo casero de pollo que estaba espectáculo. 

Cuando terminamos de cenar nos fuimos para el hotel, que aún nos quedaba una media hora. Al llegar pedimos una cervecita en el bar del hotel y nos la tomamos en la terraza de la habitación. 

Cuando terminamos la cerveza, marchamos a dormir. 


Sábado, 25 de septiembre de 2021:


A las 7 en pie, preparamos todo y nos fuimos a visitar Aínsa. Nos gustó, tiene mucho encanto. 

Desayunamos en la plaza del pueblo y luego volvimos a bajar al hotel a que nos hicieran un par de bocatas, ya que hoy teníamos contratada una vía ferrata, por si no nos daba tiempo a comer de bar. Total, pedimos los bocatas, subimos a la habitación mientras nos los hacían y me mandan un Whatsapp de la vía ferrata, que se suspendía porque la previsión del tiempo era mala. 

Por la noche ya había caído una buena tromba de agua y daban agua durante el día también. Así que cambio total de planes. Lo primero que hicimos fue lo que ya teníamos previsto, ir al cañón de Añisclo. A unos 45 min de Aínsa. A mí no me dijo nada, porque iba conduciendo y no vi mucho, pero Vanesa que lo estaba viendo dijo que era precioso. Luego hicimos una caminata de una hora y bien. 

Cuando nos fuimos del cañón de Añisclo, nos vinimos muy arriba y nos fuimos al valle de Tena, a tirarnos en tirolina en Hoz de Jaca, a una hora y media. Moló muchísimo, me encantó. 

A mí me hacía mucha ilusión ir al valle de Tena y al ver que había tirolina, a Vanesa le hacía ilusión tirarse en tirolina, así que lo hicimos venir bien y cumplimos los deseos de las dos. Como ya no íbamos a hacer la vía ferrata y lo que queríamos ya lo teníamos todo hecho, nos fuimos a comer a Biescas para luego visitarlo. Comimos en casa Juan, super bien. Luego visitamos Biescas: 



Una vez terminamos de visitar Biescas, serían sobre las 18h y Vanesa descubrió que había una cascada en Orós Bajo, a 10 minutos. Así que para allá que nos fuimos. La ruta para ver la cascada era de unos 15 min caminando y para haberlo decidido súper rápido y lo poco que nos costó llegar, me sorprendió para bien, me encantó. 

Cuando ya llevábamos un buen rato contemplando la cascada, se puso a llover a cántaros y a tronar. Nos hizo hasta ilusión, porque llevábamos el equipo y así lo aprovechamos y como solo eran 15 minutos de ruta pues nos gustó hacer la charlotada de sacar los chubasqueros y los cubre mochila. A las 19h y poco ya estábamos en el coche y nos fuimos a Boltaña, a una hora, y a 10 minutos de Aínsa. En Boltaña tomamos una cerveza en el bar “La Goleta” y fuimos al hotel a ducharnos. Queríamos cenar fuera, pero eran las 22h y no encontramos nada. Así que finalmente cenamos en el hotel. Queríamos salir a tomar algo, pero barajamos los pros y los contras y al final decidimos hacernos una infusión, que invitaba el hotel, en la terraza de la habitación. Cuando miramos el reloj ya era la 1, así que nos fuimos a dormir. 


Domingo, 26 de septiembre de 2021:  


De nuevo a las 7 en pie. Desayunamos en el hotel y nos fuimos a Congosto de Entremón a unos 20 minutos. Ahí hicimos una ruta de dos horas, ida y vuelta. Nos gustó mucho y llegamos las primeras. La subida era por un desfiladero y las vistas espectaculares. 


Luego nos fuimos al castillo de Samitier, a unos 10 minutos. Hicimos otra ruta de dos horas ida y vuelta, llegamos también las primeras. Aquí había que subir hasta el castillo. Que brutalidad de paisaje. Se veía por un lado el Congosto de Entremón y por otro lado otro paisaje brutal también. 

Cuando bajamos del castillo, ya nos cruzamos un montón de gente, nos vino bien madrugar porque llegábamos las primeras a todos los sitios. Cuando llegamos al coche, nos fuimos para Mont Rebei, a 1.20h de Samitier. Como íbamos muy bien de hora, paramos a comer en Benabarre, a 30 min de Mont Rebei. 

No visitamos el pueblo, pero visto de fuera era super bonito. Esta foto la hicimos desde el coche y como iba conduciendo a penas se ve, pero era chulo. Comimos en el Hostal Delgado. 

Estaba todo buenísimo. Cuando terminamos nos fuimos a Mont Rebei, a la parte de Montfalcó, que aún es de Aragón, pero nos ponía que quedaban 13 km por pista y ponía un cartel que solo podían acceder todoterrenos, así que decidimos ir a hacer la ruta en la parte de Lleida. Digamos que era lo mismo, pero el río partía las comunidades. Entonces vimos lo mismo, pero por el otro lado. El parking que aparcamos nos costó 8€, joder, como se nota que son ratas los catalanes, que abuso. Además nos dijeron que cerraban el parking a las 19.45 horas y teníamos el tiempo justo para hacer la ruta de 3 a 4 horas. La ruta duraba 3, pero nosotras hicimos un poquito más para llegar a Montfalcó, que había un puente que podrías cruzar al lado de Aragón. Si hubiéramos ido más pronto, hubiéramos intentado llegar a unas escaleras muy chulas que había colgadas de una roca, pero aún nos quedaban 3 km por una cuesta muy empinada y llevábamos el tiempo justito. Aquí nos agobiamos un montón y el camino de ida fue agobiante y de mala ostia. Había tanta, tanta, tanta gente, que era imposible disfrutar del paisaje. La suerte que tuvimos, de llegar tan tarde, fue que la gente ya volvía, y cuando llegamos al final, nos quedamos solas. Ahí respiramos, contemplamos, hicimos fotos, disfrutamos.... Menos mal que finalmente valió la pena y pudimos terminar con buen sabor de boca. 100% recomendable este sitio, mi consejo sería NO IR EN FIN DE SEMANA, porque era de verdad una locura. Os voy a dejar unas fotitos de final de viaje para que veáis que bonito. 

Este es el puente que separa las comunidades.  

Cuando llegamos al coche, ya éramos las últimas que quedábamos. Aún no era la hora, pero casi, así que nos fuimos ya para casa. Estábamos a 3.40 horas de Vilafranca.

Por el camino aún vimos atardecer:

Paramos a cenar en Mequinenza, a 2 horas de Vilafranca. 

Cuando terminamos de cenar, pasadas las 22h, las tontas de nosotras, no habíamos pensado de poner gasoil al coche. Nos quedaba muy poco y no llegábamos a ningún lado que nos viniera de paso que tuviera gasolinera. Vanesa buscó en google y le dijo, que había una 24 horas en Nonaspe, pero nos teníamos que desviar 20 km. Fueron 20 km angustiosos, de mala ostia, por mi parte y por la parte de Vanesa buscando donde quedarnos a dormir en Nonaspe por si no había gasolinera. 20 min de angustia, pensando en qué hacer, si llegábamos o no… Hablando con Balma por Whatsapp y nos decía que era un “poblucho” y que dudaba que allí hubiera nada. Yo ya me veía que tenía que venir Balma con una garrafa de gasoil para poder llegar a Alcañiz… Momento caos total. Pero llegamos y… ¡¡¡Había una cooperativa!!! Que alegría por Dios. Pusimos gasoil y para el pueblo. Llegamos a Vilafranca sobre la 1.30h. Vanesa se quería ir a Figueroles, pero se nos hizo más tarde de lo normal yendo a poner gasoil y al final se quedó a dormir. 


Al día siguiente nos levantamos a las 9h, fuimos a desayunar a Ripo y Vanesa ya se fue. 


El viaje nos costó unos 350€. Muy, muy recomendable y si no sois tan brutos, brutas como nosotras, pues vais más días y os lo repartís mejor. Ja, ja, ja. 


lunes, 22 de noviembre de 2021

Bocairent

Este finde fue casi pensado y hecho. Vanesa trabajaba pero quedamos en irnos cuando ella saliera. No habíamos pensado nada, así que quedamos en que pensaríamos algo y ya elegimos. El primer lugar que se me ocurrió fue Tabarca. Se lo comuniqué a Vanesa y le pareció súper buena idea.  Miramos donde alojarnos, miramos cómo llegar y… problemas… En noviembre cambiaban los horarios y al cambiar también la hora, dudamos bastante que a las horas que llegaríamos a Santa Pola, que es el sitio más cerca donde salen los barquitos hasta Tabarca, hubiera alguno que nos llevara. Si que me dieron un contacto para preguntarlo, pero mandé un mail que nunca me contestaron y como ya nos entró la duda, miramos sitios alternativos y ya definitivamente descartamos Tabarca, bueno, queda aplazado. 


En junio, las vacaciones que tuve, me salieron un poco rana. Miré un montón de sitios de la comunidad valenciana, no muy lejos para ir. Finalmente pude ir a la Cova Tallada con mi padre.


Me puse a mirar todos los sitios que había dejado apartados aquella semana y el sitio más bonito que encontré fue la Cova dels Arcs. Al mismo tiempo, Vanesa me dijo que tenía Bocairent guardado en la recamara, que lo había mirado para ir con sus padres pero que al final eligieron Alcalá del Júcar. Total, que yo Bocairent también lo había mirado. Así que teníamos debate para elegir, nos costó bastante, porque nos gustaban ambos sitios, pero finalmente elegimos Bocairent, ya que pensamos que lo que había para ver, lo podíamos ver en el poco tiempo que teníamos y La Cova dels Arcs, queda reservada para la próxima también. 

En seguida nos pusimos a mirar alojamiento y las 2 miramos el mismo, Casa Montana. Nos costó 68,40€ una noche. 


Sábado, 6 de noviembre de 2021:


Quedamos a las 15h en Castellón, que era cuando Vanesa salía de trabajar. Cuando salió me recogió donde tengo el piso y nos fuimos para Bocairent. Hicimos parada en Sagunto a tomar un cafelito y llegamos a Bocairent a las 18h. La verdad es que empezamos con mal pie. Queríamos ir al “Pont de darrere la Vila” a ver atardecer y que se viera una panorámica del pueblo, pero resulta que con el coche no se podía llegar y si teníamos que ir a pie se nos hubiera hecho de noche, así que el gozo en un pozo. Cuando llegamos a la casa Montana, vaya decepción, olía mal (a viejo), era vieja y hacía frío… Que fracaso… Dejamos las maletas y nos fuimos a pasear por el pueblo. Nos perdimos varias veces porque queríamos ir al barrio medieval y el señor google no nos indicaba bien. Finalmente lo encontramos pero qué quieres que te diga… Si al casco antiguo de Vilafranca le sacas a todas las casas “maceticas” en la puerta, pues nada que envidiarle, la verdad…

*Bocairent                        *Vilafranca


Aquí tenéis las fotos, alomejor es porque soy de aquí, pero vamos, que no tiene nada que envidiarle para mi. 


Entramos en un bar a tomar una cerveza, a Casa Rosa y no teníamos sitio para sentarnos, así que nos bebimos la cerveza en la terraza con un frío que pelaba. Eran las 8.30 y estábamos esperando a que abrieran el restaurante de al lado, El Cancell. Cuando abrieron, preguntamos para cenar y nos dijeron que todo lleno, en Casa Rosa también, y decidimos llamar a todos los bares y restaurantes de Bocairent, todo lleno. Viendo lo visto, entramos de nuevo a El Cancell y reservamos para comer al día siguiente. Como Ontinyent está a 20 minutos, empezamos a llamar a los restaurantes de allí. Llamamos a 2 y lleno, al tercero, El Tinell de Calabuig ahí nos dijeron que teníamos sitio, así que cogimos el coche, que en esta ocasión lo cogió Vanesa y nos fuimos para Ontinyent. Media hora para aparcar… Que estrés por Dios… Yo soy demasiado de pueblo para aguantar estas cosas… ¿¿¡¡Media hora para aparcar!!?? ¿Estamos locos o qué pasa? Intentamos entrar a un parking de pago, pero a las 23h cerraban y ya eran casi las 22:30h, así que a seguir buscando, al final descubrimos un parking bastante grande que algún sitio tenía y por fin aparcamos. La parte buena es que estaba bastante cerca a pesar de las vueltas que nos tocó dar. El restaurante constaba que estaba en la guía Michelín. Así que ya nos hicimos la idea de rascarnos el bolsillo esa noche. A pesar de lo tarde que era, nos atendieron super bien y comimos, buah!! De lo mejor que he comido en mi vida, estaba todo increíble: 


Nos fuimos de allí encantadas de la vida, aunque pagamos por la cena 39€ cada una, pero valió totalmente la pena, no me dolieron nada. Cuando llegamos a Bocairent, queríamos salir a tomar algo, pero lo que vimos estaba cerrado y sumado a los 2 grados que hacían, decidimos irnos a dormir. Vanesa cubrió la cama de mantas, porque aunque había un radiador hacía bastante frío en la habitación. Estuvimos un ratito hablando y nos dormimos. 


Domingo, 7 de noviembre de 2021:


Nos pusimos el despertador a las 7.30h de la mañana, pero hicimos el remolón hasta las 8. El día de antes habíamos pasado por delante de un Consum y compramos 4 cositas para salir desayunadas de casa. Unos días antes, llamé a la oficina de turismo para que me dieran información sobre los horarios de les Covetes dels Moros. Me dijo la “tipeta” que me atendió al teléfono, que hacían visitas a cada hora y que a partir de las 9.30h se podían adquirir las entradas en la Cava de Sant Blai. Que si queríamos elegir horario teníamos que ir pronto porque las entradas se agotaban enseguida, así que a las 9.15h estábamos en la cava de Sant Blai. Allí había un cartel, que abrían a las 10.30h. Los que me conocéis, os podéis imaginar la indignación. Ala, ya estoy indignada por 10 años más, como con el corto o con la disco móvil… Ja, ja, ja. Opción B, bar. Fuimos a tomar algo hasta las 10.15h, que volvimos a la Cava de Sant Blai y ya pudimos comprar las entradas para los 2 sitios, Covetes dels Moros y Cava de Sant Blai. Nos costaron 9€ a las 2 y a los 2 sitios. Entramos al primer turno a les covetes, a las 11h. Un monitor nos indicó en todo momento lo que teníamos que hacer. Sitio más curioso en la vida. 


Son 53 ventanas que se hicieron “a los años del Congo”, no se sabe ni cuando se hicieron y que se utilizaban para almacenar cereales. Total que se ve que la tribu que las construyó las abandonó, estuvieron mucho tiempo abandonadas y luego se intentaron comunicar entre sí, para que se pudieran visitar. Hasta que no estás dentro, no te imaginas lo que es eso. Nada más entrar, unas escaleras naturales, que te dan un vértigo brutal y cogida a una cuerda, las vas subiendo. Luego, un agujero con una escalera que poco más y no me cabe el culo. 

Y luego a gatear y a escalar todo el rato, ja, ja, ja. Nos gustó mucho, pero yo salí de ahí con un dolor de rodillas, de hombros y de codos, terrible. El codo derecho repelado y a Vanesa le decía que el lunes no podría caminar, de lo que me dolían las rodillas. Como si me hubieran apaleado, vamos… Un desastre, ja ,ja, ja. Os voy a dejar fotos, pero por más fotos que veáis, no os podéis creer lo que hay hasta que lo vivís…

Al salir de allí, visitamos la cava de Sant Blai, un depósito de planta circular de 7,70 m de diámetro y 11 m de profundidad, con cubierta hemisférica. Tiene una puerta a nivel superior, por la que salimos y una galería inferior, de 20 metros de longitud, que presenta en uno de sus laterales una acequia para desaguar el agua producto de la fusión de la nieve almacenada en el interior. Esta galería, de tan solo 1,80 m de altura y 1 m de anchura, es hoy un de los accesos al interior de la cava, entramos por ella y no se veía una mierda, solo había una luz de navidad en la acequia, que antes de entrar te decían que te fijaras en ella porque luego te explican que por ahí se iba la nieve que se derretía. Los muros del interior están revestidos de un material de color rojizo, y se adivinan elementos que indican la existencia de una pequeña puerta cegada que establecería una comunicación con el exterior a nivel medio de la cava. Nada, entramos, nos dieron esta pequeña explicación y salimos, no había más. 

Al salir de aquí, hicimos parte de la Ruta Mágica que está concebida como la mejor forma de conocer el Barrio Medieval de Bocairent, ya que paseando tranquilamente nos encontramos con los elementos claves que definen su fisonomía: casonas de alturas sorprendentes, calles señoriales y otras más estrechas y las casas recayentes en el barranco, como auténticas casas colgantes. Lo que os decía antes, que Vilafranca no tiene nada que envidiarle, lo que pasa que aquí no le sabemos sacar partido al casco antiguo. 

Paseando nos encontramos con les Coves de Colomer y entramos a ver que daban. Nos hicieron pagar 2€ y eran también otra agrupación de cuevas-ventana situadas dentro del núcleo antiguo de Bocairent y que en 2011 se rehabilitó para ser la sede del centro de interpretación de Les Covetes dels Moros. Ahí había un chico muy majo, que nos explicó todo muy bien, pero por lo visto hubiéramos tenido que ir ahí antes que a las otras cuevas, pero bueno… Lo curioso que nos contó es que ese terreno tenía un dueño que hizo las cuevas grandes para que se pudiera pasar a pie y que cuando se rehabilitó les cayó un trozo de roca y la tuvieron que restaurar, luego te dejaban ir a la parte de abajo y se veía la roca que había caído y el trozo que habían rehabilitado. 

Cuando salimos de estas cuevas, pasamos por el Puente de Darrere la Vila, que era donde se veía la panorámica del pueblo, ya la habéis visto en la foto de antes, la verdad es que no nos llamó mucho. Luego fuimos a ver el monasterio. La edificación actual es una pieza de gran interés, que recoge en sus entrañas otra aún de mayor valor, un antiguo convento subterráneo que fue excavado en la roca y que sólo unos pocos han tenido la oportunidad de contemplar. Era muy curioso, además era la última visita ya, eran las 13:06h y la visita había empezado a las 13h, pero nos dejaron entrar igual. No recuerdo muy bien cuánto nos costó, pero creo que 2.50€ a cada una. Estuvo bien, por lo curioso que era y por las historias curiosas que te iba explicando el guía. 

La visita terminó a las 13.30h y ya nos fuimos a comer, al restaurante El Cancell, que habíamos reservado la noche de antes. Comimos espectacularmente bien. Allí tienen una comida típica, que es la pericana y nos la pedimos de entrante. Es una salsa que emplea una mezcla de aceite de oliva, pimientos secos y bacalao. Nos gustó un montón, tanto que después de comer fuimos a una tienda a comprar. Yo compré herbero, un licor de hierbas también típico de allí. Yo no lo he probado, pero dice mi padre que es muy suave. 

La comida nos costó 55,39€ en total. Recomendable totalmente, a mí me gustó más el restaurante de anoche, pero a Vanesa le gustó más este, así que en conclusión, la gastronomía es impresionante. 

Después de comer nos fuimos a Pou Clar, el paraje fluvial más importante del municipio de Ontinyent y alberga importantes valores naturales y paisajísticos. El río Clariano nace allí mismo y en sus primeros metros configura un seguido de pozos excavados por el agua sobre roca calcárea conformando un paisaje bien singular de formas redondeadas y de tranquilas láminas de agua. 

Estuvimos un buen rato por allí paseando y haciéndonos fotos y sobre las 17h nos fuimos ya para Castellón, ya que a las 20h teníamos entradas para ir a ver a Eugeni Alemany. Llegamos a las 19.15h a Castellón, dimos una vuelta por la feria de atracciones y ya nos fuimos para la Cámara de Comercio que era donde actuaba Eugeni. Estuvo muy bien, nos reímos un rato. Sobre las 22h se terminó y teníamos reserva para cenar en Los Panchos. Cenamos super bien y estuvimos un rato hablando hasta allá a las 12. Luego ya nos fuimos cada una para su casa y fin del fin de semana. 

El finde no llegó a 200€ lo que nos costó, un finde diferente para ver 4 cositas al lado de casa, que no empezó del todo bien, pero que terminó perfecto y al final con la sensación de haberlo aprovechado un montón. ¡Hasta la próxima!