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lunes, 4 de abril de 2022

Navarra II

Hace unos 3 meses, Vanesa me pasó su calendario laboral toda emocionada, para que los días libres se convirtieran en escapadas. La más cercana que teníamos, era en marzo, coincidiendo con la Magdalena en Castellón. Empezamos a mirar destinos, sobre todo islas. Pero al ser un viaje de 3 días, los vuelos se nos comían un día entero y lo tuvimos que descartar. Un día bajando a Castellón yo sola, había quedado con Vanesa ese día y por el camino, me puse a pensar destinos. Me vinieron a la cabeza 2 que fueran realistas (mi mente viaja demasiado lejos) y se los propuse a Vanesa cuando nos vimos. Uno era el caminito del rey en Málaga y el otro era Navarra, los sitios que me quedaron por visitar cuando fui a ver a Jone hace 3 años. No siempre nos ponemos de acuerdo en seguida, pero en esta ocasión sí. A Vanesa le motivó la idea de ir a Navarra, ya que en un viaje que tenía que hacer allí, tuvo un accidente y no pudo llegar. En el mes de enero estuvimos mirando los sitios que queríamos visitar y fuimos descartando y concretando. Hicimos más o menos el planing y empezamos a reservar hoteles. En marzo compramos todas las entradas a los sitios que hacían pagar y por fin llegó la semana del viaje. Yo me cogí la semana entera, así que aprovechando que era Magdalena, bajé a Castellón ya ese lunes. 

La Magdalena estuvo rara pero bien, resumida en estas 4 fotos. 


 Jueves, 24 de marzo de 2022:


A las 14h, me dijo Vanesa que se cogía la hora Magdalenera, que iba a cambiarse y que me avisaba cuando estuviera. Me avisó, pero el Whats App no me llegó, me llegó más tarde cuando ella ya estaba en el lugar donde habíamos quedado que pasaba a buscarla. Que desastre, bajé rapidísimo a por el coche, pero cuando fui a abrir la puerta del parking, el mando no me iba y la llave no la tenía, ya que se la habían quedado mis padres porque también hacían cuenta de bajar a Castellón ese finde. Momento caos. Lo primero que hice fue avisar a Vanesa de lo que me estaba pasando. Lo segundo, desmonté el mando y quité y puse la pila, sin éxito. De repente la puerta de entrar se abrió y ahí iba mi salvador. Bajé como una loca desesperada del coche y empecé a hacerle señas para que me abriera la puerta de salida. Ahora los súper héroes ya no llevan capa, llevan mando… Me abrió la puerta y pude salir por fin. Avisé a Vanesa de que ya estaba fuera y en 10 minutos la estaba recogiendo. Hacía un día malísimo, como toda la semana había hecho, no diluviaba, como había hecho en días anteriores, pero no paró de llover hasta que llegamos a Tudela, sobre las 20 horas. Nos alojamos en el Hotel Sercotel Tudela Bardenas. Nos costó 20€ a cada una y una vez allí reservamos el desayuno del día siguiente, ya que por anticipado valía 9€ y si lo pagabas al momento 11€. Subimos a la habitación y descansamos un rato hasta la hora de cenar y de paso hicimos el planing del día siguiente.

No sabíamos si ir a cenar a la plaza de los Fueros, ya que nos lo recomendaron, o quedarnos a cenar en el Hotel que había una cervecería abajo y por alojarnos allí nos regalaban una consumición a cada una. Decidimos hacerlo según el tiempo, si llovía mucho nos quedábamos y si no llovía o llovía poco, nos íbamos en busca de la plaza. Cuando bajamos apenas chispeaba, así que decidimos ir a cenar fuera. 

Cenamor en un bar de la plaza de los fueros, que no recuerdo como se llamaba, pero para el tiempo que hacía había mucho ambiente en todos. La comida estaba muy buena y nos salió muy barato, así que nos fuimos encantadas de allí y además era muy pronto, sobre las 23h, así que decidimos ir a la cervecería del hotel. El camarero estaba como una cabra. Primero nos vaciló, luego nos preguntó si éramos fáciles de comprar y si le poníamos una buena reseña al lugar y a su restaurante, nos invitaba a otra consumición. Así que tuvimos conversación, bebida gratis y el lugar era chulísimo. 

No quisimos hacer muy tarde porque a la mañana siguiente íbamos a madrugar, así que al terminar las tomas, nos fuimos a dormir. 


Viernes, 25 de marzo de 2022:


A las 6 nos pusimos el despertador, a las 7 y poco estábamos desayunando y a las 8 y algo salíamos del hotel. Nos fuimos camino de las Bardenas Reales, un paraje semidesértico, que estaba a media hora. Llegamos a las 8:30h y resulta que la caseta de información la abrían a las 9, por lo que nos fuimos a verlas por nuestra cuenta. ¡¡¡ERROR!!! Primero llegamos a un mirador, pero como había niebla, se veía bien poco. 

Sabíamos que habían varias rutas para hacer en coche, pero como no nos dieron la información, ni mapa, ni estaba señalizado, pues íbamos haciendo a voleo. De vez en cuando íbamos encontrando rocas chulas y hay unos sitios habilitados para poder parar el coche. Así que íbamos parando para sacar alguna foto. 


Cuando nos dimos cuenta, nos habíamos salido ya del paraje… Así que nada, pusimos el gps y nos fuimos para Olite, porque esto de las Bardenas, vista una, vistas todas, así que no íbamos a volver. Llegamos a Olite que serían sobre las 11. Primero fuimos a tomar un café y luego a preguntar al hotel, en este caso el Ducay, si podíamos entrar ya, por no dejarlo todo al coche. En el check in ponía que a partir de las 16h, pero nos dijeron que ya tenían lista la habitación y que podíamos entrar ya. Éste nos costó 20€ a cada una. Fuimos a por las maletas, intentamos dejar el coche lo más cerca posible, ya que todo el casco antigüo de Olite es peatonal y subimos las maletas a la habitación.


Como hasta las 12:30 no teníamos la visita guiada al castillo, fuimos a visitar el pueblo y nos encantó. Luego tuvimos la visita, previamente reservada y nos costó 4,90€ a cada una. Conocimos su historia y lo vimos por dentro. A mí me pareció una verdadera pasada, es gigante y chulísimo.  


Cuando salimos del castillo buscamos un sitio para comer y acertamos de pleno. El restaurante se llama Gambarte Jatetxea. Comimos de menú, todo de 10 y nos costó 16,60€ a cada una. A las 16h teníamos una visita guiada y cata de vino en la bodega Marco Real. Teníamos ya la reserva y nos costó 10€ por persona. Nos gustó mucho, tanto la visita como la cata. 

Compramos unas botellitas de vino y nos fuimos a visitar Ujué, un pueblo a 20 minutos de Olite, que nos habían recomendado visitar. 

El pueblo era bonito, la iglesia parecía un castillo y llamaba mucho la atención y el paisaje también era espectacular. Dimos una vuelta por todo, compramos almendras garrapiñadas que eran típicas de allí y un gatito o gatita muy simpático nos llevó de ruta por todo, como nos pasó en Chinchilla, Albacete. 

Volvimos a Olite, tomamos una cervecita y nos fuimos a cenar. Estaba todo a petar de gente, es increíble con lo pequeño que es el pueblo y que tuviera todos los bares llenos. Al final cenamos en el bar del hotel. Sin más, cenamos normal, 3 tapitas y nos fuimos a dormir. 


Sábado, 26 de marzo de 2022:


Este día ya no madrugamos tanto, creo que nos levantamos a las 8, desayunamos en el hotel y nos fuimos al Monasterio de Leyre, que teníamos visita guiada a las 11. Nos costó 4€ a cada una. Este día estuve muy negada y venga decir que no llegábamos a nada. Pero sí que llegamos a todo, es solo que tenía yo el día a revés “iavan”. Cómo llegábamos pronto a la visita guiada, fuimos a ver el embalse de Yesa primero. 

Creíamos que lo podríamos ver de más cerca, la verdad, pero el señor google nos mandó aquí. Pues nos hicimos unas fotillas, y pa'l monasterio. La visita estuvo muy bien y el monasterio era muy bonito también. 

Cuando terminó la visita, tomamos un cafelito allí mismo que había un bar y nos fuimos a visitar el castillo de Javier. Pasamos por un mirador, paramos y nos encontramos con estas vistas: 

En el castillo, no había visita guiada, pero sí que había que pagar si no recuerdo mal 3€ de entrada, la visita era libre. Después de todo lo que habíamos visto no me dijo mucho este castillo, pero bueno, bien y en paz.

 


Comimos allí mismo, que había un mesón. No salimos muy contentas. La comida nos costó 24.25€ a cada una. Vanesa les pidió 2 primeros y le dijeron que no podía ser, por lo que le sobró la mitad. A mí del segundo también me sobró la mitad y a parte de que no estaba muy bueno, te pedían explicaciones de porqué no nos lo comíamos. En fin, todo muy raro, a mí nunca me había pasado algo igual. 

Después de comer nos fuimos a la foz de Lumbier. Si queréis ir, os recomiendo que si lo hacéis con el google maps, que no le pongáis tal cual la foz de Lumbier, porque a nosotras nos llevó al pueblo de al lado, que también hay una ruta para poder llegar, pero nosotras como no teníamos mucho tiempo, queríamos la ruta más sencilla. Entonces vimos que había un parking adrede y lo fuimos a buscar. Ahí sí que nos llevó bien. Nos hicieron pagar 3€. La ruta desde ahí era una hora, media de ida y media de vuelta. No era cosa del otro mundo, pero nos sentó bien un poco de naturaleza. 

 

Luego nos fuimos a la foz de Arbayún. La idea era hacer caminata también, pero había un mirador que la podíamos ver y ya lo tuvimos bien. 

Luego nos fuimos a Noáin, al parque de los sentidos. Que chulada, era como estar en Japón. 

Dimos una vuelta por ahí y ya nos fuimos para Pamplona. El hotel que teníamos reservado era el Espoz y Mina, que nos costó 32€ a cada una, más céntrico, imposible. Tenían un convenio con el parking de la plaza del Castillo, si lo dejabas todo el día, te costaba 13€. (Sin el convenio lo miramos y era algo más de 16€, así que algo nos ahorramos). El hotel no tenía recepción, así que nos dieron a elegir entre hacer todos los trámites por Whats App o ir al Hostal Arriazu a hacer el check in. Decidimos ir personalmente porque estaba muy cerca y allí nos arreglaron todo, el parking y todo. Cuando llegamos a nuestro Hotel, nos duchamos y avisamos a Jone, ya que íbamos a cenar con ellos, Jone, Michel y Eileen. Cuando estuvimos listas, fuimos a comer un pincho al Gaucho, que lo teníamos literalmente al lado. Previamente, Jone me había mandado un artículo, que era el mejor bar de Pamplona y estaba entre los 65 mejores de España. Yo ya había estado en San Fermín y tengo un buenísimo recuerdo, así que decidimos ir. No defraudó. Luego como íbamos con la nena, prefería otro tipo de comida y nos fuimos a otro bar a comer una tapas. Muy buenas también. Para finalizar la velada, fuimos a tomar una cerveza a un bar, que según nos dijo Michel, iba Arguiñano cuando estaba por Pamplona. Sobre la 1 y algo nos fuimos cada uno a su “casa”. Vanesa y yo estuvimos un rato hablando antes de dormirnos y cuando íbamos a poner el despertador, a las 2 eran las 3, esa noche cambiaban la hora… Íbamos a dormir poquito. 




Domingo, 27 de marzo de 2022:


Nos levantamos sobre las 8. Cuando estuvimos listas nos fuimos a desayunar a uno de los bares gigantes que hay en la plaza del Castillo. El café Iruña. A parte de que la comida estaba buenísima, el bar era digno de ver. 


A las 10, quedamos con Jone, Michel y Eileen. A las 10:30 teníamos una visita guiada a la plaza de toros de Pamplona, pero se retrasó más de 15 minutos. Me costó 7€ la entrada por persona y fue un robo a mano armada. No había visita guiada como ponía cuando reservé las entradas, si no que te daban una audioguía que solo cogió Eileen, pero que le molestó más que otra cosa. A la plaza yo ya estuve en San Fermín así que la visita fue verla sin más. Lo dicho, un robo. 

Al salir, nos fuimos hacia el club deportivo al que pertenecen Jone, Michel y Eileen, ya que nos tenían preparada la comida e íbamos a comer en las instalaciones. Por el camino, íbamos viendo cosas y Michel nos hacía visita guiada de todo lo que sabía. Pasamos por el frontón, que por fuera es como un edificio antiguo y había partida, así que nos quedamos a verla un rato. 


Lo del club deportivo era curiosísimo. Desde luego aquí no funciona así. Las instalaciones eran de grandes como mi pueblo. Allí había unos torradores y la gente se hacía brasa y se cocinaban. La mayoría arroz con cosas, porque a eso que hacían no se le puede llamar paella… Michel nos hizo un chuletón a la brasa. 

También nos prepararon 2 tipos de setas típicas de allí, una ensalada, pimientos del piquillo, torrijas de postre, que al final no comimos nadie, porque se habían pasado 3 pueblos comprando también una trenza del Reyno, gigante, que es un dulce típico de allí y nos la comimos casi entera. Que buenísima estaba. 

A las 17h teníamos reservado un free tour por Pamplona. A mi personalmente ¡¡¡ME ENCANTÓ!!! Nos habló de Olite, de Javier, de la trilogía del Baztán, del eguzkilore, de las ruinas del parking de la plaza del castillo que las vimos al entrar, de Amaiur, que también fui a visitar con Jone la otra vez que fui, de San Fermín… Una pasada, casi 2:30h de tour pero me pasó el tiempo volando. 

Cuando terminó el free tour ya nos fuimos a coger el coche. En el hotel nos dijeron que si pasaba de 24 horas, que las pasábamos por muy poquito, había que ir a información a pagar la diferencia. Pero en información nos dijeron que el ticket nos valía hasta las 12h de la noche, así que genial, no nos tocó pagar nada adicional. Nos despedimos de la familia y nos fuimos para casa. A las 21:30h, paramos a cenar en Magallón. No teníamos mucha hambre, pero vimos que había un bar abierto y entramos. Hicimos 2 tapas que estaban buenísimas y menos mal que no teníamos hambre, porque quedamos como dos reinas. Cuando terminamos de cenar nos fuimos para Castellón y llegamos a las 2:30h de la madrugada y fin de la escapada.


Viaje corto pero intenso, aprovechado al máximo, como todos los que hago con Vanesa. Valorado entre 290€ y 340€ (a cada una nos sale una cosa). Nos ha quedado la selva de Irati, que también la miramos para hacerla y hacer el camino de Santiago por ahí, así que…. Continuará…



lunes, 9 de marzo de 2020

Zaragoza + Navarra

Hace unos años, si no recuerdo mal unos 18, en una revista de adolescentes de la que seguro que tooooodas las chicas de mi generación se sentirán identificadas, ja, ja, ja, ja, la revista Bravo, había una sección de contactos, donde la gente mandaba su dirección para que le escribieran cartas. Pues una servidora, mandó su dirección, según Balma con mi foto de la comunión ja, ja, ja, ja. No Balma, es la foto del libro de fiestas de cuando fuimos damas pequeñas. He buscado la foto para ponerla pero no la he encontrado, lástima... Bueno la cuestión es que una de las 100 personas que me escribió fue Jone, con la que aún mantenemos el contacto y Balma también le escribía cartas a través de mi. Jone ya ha venido unas cuantas veces aquí a Castellón y Balma también ha ido otras cuantas a Navarra, la tierra de Jone, pero yo todavía no había tenido oportunidad. Hace 3 años fui a San Fermín y fuimos en coche, aunque no conducía yo, pero no me pareció complicado el camino así que le dije a Jone que iría algún día a verla cuando coincidiéramos en vacaciones. Lo que pasa en estos casos es lo típico que entre la distancia, los trabajos, los planes… Pasaron 3 años y todavía no habíamos coincidido. Este verano ya hablamos de ir en noviembre, coger las 2 la misma semana de vacaciones y hacer turismo por la zona de Jone. Al fin coincidimos una semana. En eso que se lo comentamos a Balma, al principio no le hizo mucha gracia porque ya sería la 4ª vez que va, pero luego se lo pensó y dijo que igual sí. Pero al final no pudo ser porque una compañera suya ya se había cogido todo el mes de vacaciones. Balma y Jone llevaban un tiempo planeando quedar un finde en Zaragoza ya que está a mitad camino entre las 3. Entonces pensé que podríamos hacer un mix. Irme 5 días a Navarra y el finde pasarlo las 3 a Zaragoza. Pero Balma dijo que mejor al revés, primero el finde, porque si no estaríamos cansadas y le doy toda la razón, ya que a mitad semana yo ya no valía pa’ nada. Así que después de mucho tiempo planeando, por fin llegó el día. 



Sábado 16 de noviembre de 2019: 


7 de la mañana, me fui camino de Alcañiz con mi coche a recoger a Balma. A las 8 llegué allí y la cargué. Paramos a Híjar a almorzar. A las 10 llegamos a Zaragoza. Quedamos con Jone a Puerto Venecia. Ella también llegó a la misma hora, venía en tren desde Pamplona. Pero entre llegar, salir, fumar y coger el taxi a Puerto Venecia, llegó un poquito más tarde. Estuvimos allí toda la mañana y después de comer ya nos fuimos al centro, yo me dejé el coche en Puerto Venecia y nos fuimos al centro en bus. Balma se bajó una aplicación que era una maravilla, te decía que bus tenías que coger y donde, para ir a tal sitio. Nos salvó bastante la vida. Lo primero que hicimos fue ir al hotel. Un hotel súper céntrico, Hotel Paris Centro. Pedimos una habitación para 3 y nos costó 20€ cada una. Una maravilla. Cuando llegamos estábamos agotadas, serían sobre las 4 de la tarde. Nos tumbamos a la cama y estuvimos casi 2 horas descansando a la vez que hablamos y nos reímos. A las 7.30 habíamos comprado entradas para ir a ver a Javier Fernández, patinador artístico sobre hielo, campeón varias veces del mundo, a la vez que también ha sido de Europa y de España en varias ocasiones. El espectáculo era en el pabellón Príncipe Felipe. 

Nos costaron las entradas 35,80€ cada una. Eso sí, estábamos lejísimos, a la grada superior, pero bueno, lo vimos bien. Teníamos las 3 yo creo una expectativa diferente de lo que íbamos a ver. Imaginábamos que era ver al tio este patinando durante 2 horas. Pero resulta que no. Fue espectacular, nos encantó. El espectáculo se llamaba “Revolution Ice On tour 2019”. Llevaba un equipo de patinadores increíble, además de traer a Edurne y a Carlos Jean que les cantaban y tocaban alguna canción. Hacían también acrobacias con cintas. Y cuando salía Javier… mira que todos patinaban bien, pero lo de él era otro nivel. Salimos de allí encantadas. Se terminó sobre las 10. 

 

Hace 2 años, cuando hice el viaje a Huelva, conocí a un chico de Zaragoza, Chavito. Le avisé de que iba a pasar el finde en Zaragoza y me dijo que me buscaría un hueco. Pues si, me lo buscó, cuando terminó el espectáculo, quedamos en calle el tubo, famosa por sus bares de tapas. Fuimos a dos bares, no nos dió tiempo a más porque era ya tarde y nos cerraron. Vino también un amigo de Chavito, Javi, que resultó que era de la Fresneda y que conocía Oliver (Oliver es un amigo que es de la Fresneda, pero que ahora vive a Las Palmas), que pequeño es el mundo. Luego fuimos a una cervecería y estuvimos allí hablando y cuando nos echaron fuimos a otro bar pero cerraron enseguida.

A lo tonto, se nos hicieron las 4 de la mañana. Me hizo gran ilusión ver a Chavito, porque en Huelva era de los que mejor nos llevábamos, además nos pasó el tiempo volando y nos integramos todos con todos súper bien. Y lo dicho, a las 4 ya nos fuimos al hotel, y caímos como tacos, estábamos reventadas y no era para menos. 


Domingo 17 de noviembre de 2019:


El finde en general no fue muy productivo, pero no me dolió para nada, porque para mi la excusa de juntarnos las 3 y simplemente pasar tiempo juntas, ya me bastó y me sobró, además, teniendo Zaragoza a mitad camino, estoy segura que no será la última vez que nos veamos ahí, así que para la próxima tendremos más cosas para ver y hacer. Este día nos levantamos a las 9. Bueno, a esa hora pusimos el despertador, hicimos bastante el remolón. Cuando estuvimos preparadas nos fuimos a visitar el Pilar. 

Estuvimos paseando por él y nos fuimos para la estación, ya que Balma se volvía a Alcañiz en autobús. Se compró el billete y justo delante de la estación había mercadillo, así que fuimos un ratito hasta que se hizo hora de comer. Comimos a la estación y ya nos despedimos de Balma, salía a las 3.30. Jone y yo cogimos de allí mismo un taxi y nos fuimos a Puerto Venecia a por mi coche. La primera parada de Navarra fue a Olite.

Vimos el castillo por fuera, ya que eran las 6 y acababa de cerrar para poder visitarlo por dentro. Cuando íbamos a dar una vuelta por el pueblo, se puso a llover y nos tuvimos que marchar para no “chipiarnos”. La próxima parada ya fue Santesteban, donde yo me iba a alojar. Fuimos al hostal, que era el Santamaría y luego nos fuimos a hacer unas tomas al bar Titi y a cenar. Me encantó ese bar. Tenía una terraza gigante cerrada con toldo y las paredes de chapa y cada mesa tenía una estufa de pared, se estaba de lo bien, me gustó terrible. Después de cenar fuimos al Santamaría que estaban los padres de Jone cenando, estuve un ratito hablando con ellos y ya nos fuimos a dormir. 


Lunes 18 de noviembre de 2019:


Este día quedamos a las 10. Vino Jone a recogerme y me llevó a desayunar a Elizondo a una pastelería, Malkorra. Allí compré chocolate, que me lo recomendó Balma, les cogí también para ella y para Diana. Bua, que espectacular estaba, Balma, bien recomendado. Luego fuimos a ver Elizondo, que a parte del encanto que tiene el pueblo en sí, el aliciente era que se grabó allí la película de “El guardián invisible” e íbamos mirando que si esta es la casa de nosequien, que si este es el puente que paso esto y esta la panadería donde pasó aquello, y así pasamos media mañana.

    

Luego nos fuimos a Amaiur o Maya, fuimos al antiguo castillo, bueno, los restos que quedan de él y la verdad es que las vistas eran espectaculares, todo verdecito a la vez que se veía el pueblo y al fondo las montañas nevadas, me pareció muy bonito.

 

Luego nos fuimos al Parque Natural Señorío de Bertiz. Fuimos a visitar el jardín botánico. La entrada nos costó 3€. 

A las 14h cerraban, así que ya nos fuimos a comer. Fuimos al restaurante Hilarión, en Elgorriaga. Bua, comimos espectacularmente bien y hasta reventar. Además la decoración me encantó terrible, era yo total.

 

Después de comer fuimos a Zugarramurdi, queríamos ver las cuevas y el museo, pero cerraban en lunes, así que nos fuimos a dar una vuelta por el +x- de Dantxarinea y a las 6 cuando se hizo de noche nos volvimos a Santesteban. Fuimos al bar El Café a hacer unas tomas y aprovechamos para mirar los horarios de los autobuses para ir a Pamplona. Luego fuimos a cenar al balneario de Elgorriaga y ya nos fuimos a dormir. 


Martes 19 de noviembre de 2019:


Este día nos fuimos a Pamplona. Cogimos desde Santesteban el bus que venía de Irún, que pasaba a las 9 y a las 10 llegamos a Pamplona. Fuimos a hacer turismo a la Ciudadela, la plaza del Castillo, al ayuntamiento, calle Estafeta, compramos garrotes en una pastelería muy famosa que había en la misma calle, vimos por fuera la plaza de toros, hacían visitas guiadas pero justo las 2 últimas semanas de noviembre no, si no la hubiéramos hecho. Luego fuimos al mirador Caballo Blanco, que se veía todo Pamplona, chulísimo, y cuando se hizo hora, fuimos a comer. 


Después de comer, fuimos a ver los jardines de la taconera.

Luego, como ya lo habíamos visto todo, hicimos tiempo hasta que saliera al bus, que salía a las 6. Llegamos a Santesteban a las 7. Fuimos a hacer una toma al bar Ekaitza cuando llegamos, luego al Titi a hacer otro toma y a cenar fuimos al Santamaría, donde me alojaba. Que barbaridad de comer… Hasta reventar. Cuando terminamos ya nos fuimos a dormir. 


Miércoles 20 de noviembre de 2019:


Día de cuevas. Primero fuimos a desayunar al bar El Café. Allí trabaja una tía de Jone y la buena mujer nos invitó a desayunar. Una mujer simpatiquísima. Luego nos fuimos para las cuevas de Urdax. Pero para la visita aún quedaba una hora, así que reservamos sobre la 1 y nos fuimos primero a Zugarramurdi. Primero visitamos la cueva y luego el museo. La entrada a la cueva nos costó 4,5€ cada una y la del museo 3,5€. Presentado la entrada de un lado a otro en el segundo te descontaban 1€. La cueva era bonita y también había un mirador que se veía Zugarramurdi. 

El museo la verdad que no me gustó, pero bueno, para poder opinar hay que verlo y para gustos están los colores.

Luego, fuimos a las cuevas de Urdax. Éstas eran con visita guiada. Jone me dijo que el guía era el peor que nos podía tocar, pero a mi me gustó igual. Te contaba como un cuento, que dice la leyenda que en las cuevas habitaban Lamias. Las Lamias nos explicó que eran mujeres con cuerpo de pez y patas de pato o algo así. La cuestión es que una Lamia nos acompañaba durante todo el recorrido con su voz, por altavoces que había en la cueva y te iba contando la historia. Estuvo chulo. 

Luego nos fuimos a comer a Dantxarinea, a la venta de Paco, que es donde trabaja Jone. Nos apretamos un chuletón que estaba espectacular. Conocí a sus compañeros y jefes, todos me parecieron muy majos. Hablaban todos muchísimo, casi no nos dejaban ni comer. Probamos también los hongos típicos de allí, onddo beltza (boletus edulis), con tortilla. Sabían raro, un sabor al que no estoy acostumbrada, pero me gustó. Aquí me invitó Jone a comer. 

Antes de irnos a Sara, entramos en la tienda de la venta de Paco y compré queso, vino y chistorra, todo de Navarra. Llegamos a las cuevas de Sara a las 4:30h y la visita era a las 4:45h, nos vino al pelo. Nos costó la entrada 8,5€ cada una. Jone, Balma y Alberto ya me avisaron de que en Francia eran todos bordes y que cuando hicieron la visita a esta cueva, a la guía no le dió la gana de cambiar el idioma y se lo comieron todo en francés. Jone llamó para preguntar y le dijeron que entre semana no había visitas guiadas en español. De todas formas, a mi me parece que se nos llevaron bien. Nos dieron una ficha en español y la teníamos que leer cada vez que la guía explicaba algo. Jone me dijo que la guía era la misma que les tocó la otra vez y deducimos que no sabía hablar muy bien español, por eso no cambiaba el idioma. Si que nos iba preguntando si nos íbamos enterando con la ficha y la verdad es que me pareció muy bien pensado, al fin y al cabo da igual que te lo digan que leerlo, la información es la misma. Aún así corroboré que los franceses eran bordes. Al salir había un puente y dentro de la cueva no nos dejaban hacer fotos. Así que mi idea era subir al puente y tirar una foto desde fuera. Pues faltaban 10 minutos para cerrar y no me dejaron hacer la puta foto. Les faltó empujarme pa echarme de allí. Habían cerrado hasta los baños. La pobre gente que venían con nosotros se fueron a mear al monte. Suerte que nosotras habíamos meado antes de entrar. En fin… 

Como ya eran casi las 6 al salir de allí y ya era de noche, nos fuimos para Elizondo. Jone me quería llevar a cenar a Labayen para probar los chipirones. Pero antes pasamos por delante de una churrería y pillamos unos churros para “merendar”. Luego fuimos a hacer unas tomas al Labayen hasta la hora de cenar y probé los famosos chipirones. Jone se decepcionó porque me dijo que no los habían hecho como los hacían cuando ella había ido. Pero da igual, estaban buenísimos, eso sí, por culpa del chuletón de mediodía, no me los pude terminar. Después de cenar ya nos fuimos a dormir. Bueno, a ver “la que se avecina” que empezaban los nuevos capítulos de la nueva temporada. 


Jueves 21 de noviembre de 2019:


Este día fuimos a desayunar en Santesteban al bar Pepas. Luego nos fuimos a Lesaka que había feria. Pasamos allí la mañana, probé los talos con chistorra y queso, pincho de queso, a parte que aproveche para comprar y también pastel vasco. Jone me iba aconsejando de que coger y donde. Luego nos fuimos a comer donde trabaja la madre de Jone en Santesteban, al Belarra, que nos onvitó a comer. Por la tarde Jone me quería llevar a ver unos lagos, el problema es que se nos quedaba mucha tarde libre. Como el viernes iba a irme después de comer, dejamos los lagos para el viernes por la mañana y fuimos este día a ver pueblos de Francia, ya que Balma me había dicho que le habían gustado mucho. Primero fuimos a Ainhoa.

Luego a Espelette.

Y por último a Senpere.

No hicimos nada especial en ninguno, simplemente pasear y ver la belleza de cada pueblo. Para mi es nuevo, las estructuras de las casas todas igual, todos dan a la verde montaña… El último Senpere, me encantó. Luego aún queríamos ir a San Juan de Luz. Pero estaba bastante lejos y ya se hacía de noche, así que nos fuimos para Santesteban. Fuimos al Titi a hacer unas tomas y a cenar y ya nos fuimos a dormir. 


Viernes 22 de noviembre de 2019:


Al levantarnos, vimos el mal día que hacía. Muchísimo viento y lluvia. Jone se decepcionó, porque a donde me quería llevar con el tiempo que hacía dijo que no valía la pena ir. Yo le dije que no se preocupara, para la próxima, porque seguro que voy a volver. Como hacía mal tiempo, yo también preferí irme antes. Así que fuimos a desayunar al Titi unos pintxos, estuvimos un buen rato hablando y sobre las 12, ya me fui para casa. La madre de Jone nos mandó para mi y para Balma una bolsa para cada una llena de productos típicos de allí. Galletas, queso, pacharán… Llegué a casa a las 5 de la tarde, saqué todo lo que me dió la madre de Jone y todo lo que había comprado yo allí e hice una degustación para toda la familia. Luego me tiré al sofá hasta la noche y del sofá a la cama, estaba agotada. Jone me dijo que su plan fue el mismo. 


Este viaje contando gasolina, comida y alojamiento está valorado sobre 700€. A esto hay que añadir lo que me invitó Jone y familia y que Jone cogió todos los días el coche excepto uno. Por lo que la gasolina de desplazarnos toda la semana ahí, habría que contarla a parte. Pues desde aquí, gracias a Jone y familia, porque el trato fue excelente, aprovechamos un montón los días y el tiempo nos acompañó, creo que más ya no puedo pedir. Y de verdad que queda escrito, que hasta pronto.